domingo, 26 de octubre de 2014

A dar vueltas con las locas

A dar vueltas con las locas

En tiempos de miedo  y silencio había un grito mudo.
Un  grito que se veía, que crecía.
No he sabido por qué me sumé aquel día jueves a dar vueltas con las locas.
No lo he sabido hasta hoy.
Mi tía Blanca Claudina, era de esas mujeres que tienen más hijos que una madre. De esas personas que educan con el ejemplo.  
Una tarde  al llegar hasta su casa  la vi  preparar  su bolsito negro : puso pañuelos, un paraguas y sacó un pañal que yo había visto que ella misma había hecho.
Se puso sus zapatillas , se alisó la falda  y antes de salir  se dio vuelta  como quien se despide de la casa .
Donde va  la tía? Pregunté.
A dar vueltas con las locas , me dijeron.
No sé , pero yo sabía  quiénes eran las locas, las que buscan a sus hijos perdidos.
En ese instante decidí sumarme a la ronda de los jueves en la plaza San Martin.
Yo voy con vos, tía. Declaré con una firmeza que ni mi madre hubiera podido impedir que fuese.
Sentí que la soledad , el silencio y ese miedo constante que cubría el mundo se corría por un rato.
En la plaza , del brazo de  mi tía dábamos vueltas al monumento de San Martín, detrás de otras mujeres que iban solas   en un peregrinar circular .
La cita era a las cinco de la tarde me parece.
Del trajinar de la calle iban surgiendo mujeres que ingresaban al circulo y se ponían sus pañales blancos sobre la cabeza.
Cada semana  había más.
La gente miraba desde las escalinatas de la catedral, otros pasaban como si no vieran.
Así sentí el silencioso grito que inundaba la plaza, que crecía, que me estallaba dentro.
Durante años he recordado  la  fuerza del sostén de las manos de mi tía y su repuesta a mi pregunta ¿ por qué les dicen locas?
No son locas, son mujeres ,  son madres, son abuelas  que buscan a sus hijos, sus hermanos, sus nietos.
Y aunque mi tía nunca tuvo hijos, ni se casó,  caminaba con ellas.
Volví varias veces con ella a dar vueltas con las locas.
Yo también buscaba .
Hoy , casi treinta y pico de años después  supe al fin porque me sentí menos sola aquel día.
Buscaba aquellos ojos dulces y traviesos de un niño de 10 años que había prometido darme un beso años atrás y que nunca volvió a cruzarse conmigo después de una racia en su calle.



recuerdo haber acompañado a mi tía Blanca a la plaza san martin en cba , algunos jueves y agarradas de las manos con fuerza sujetando el miedo, acompañbamos a las "locas"