El secreto de Daniela
Sentada en el cordón de la vereda a la sombra de los olmos de la plaza, estaba
Daniela.
Su tez blanca siempre
develaba en colores lo que le pasaba.
Esta vez, surcos de barro salado marcaban el paso de las lágrimas.
Cortaba palitos una y otra vez, como si masticara en silencio alguna idea.
A ella le había encantado tener una hermana con un novio que
fuera a la facultad, que tocara la guitarra, que tuviera ese pelo lindo ,algo
rizado( como el de ella), y que tuviera esa barba suavecita. Creo que su nombre
de pila era Charly.
Esta vez sí que estaba ofuscada , no entendía. Por más que
quebrara palitos, su seño no aflojaba.
Era mi amiga del alma, la flaca Daniela, compañera ,
compinche, aventurera del barrio igual
que yo. Soñábamos ser piratas, astronautas , princesas árabes, pájaros .
Corredoras de carrera, nadie nos superaba ni en patines ni en bicicleta.
Aún no nos
enamorábamos , nuestras confidencias eran sueños para cuando fuésemos grandes.
Ese día, Daniela no quería jugar ni al tejo , ni al viejito,
ni a hacer bolas de barro para tirarle a la vecina hippie desde lo alto del
árbol.
Seguía ahí , cortando palitos, mirando el piso del asfalto.
Cuando llegaron las demás amigas la rodeamos y le preguntamos
qué pasaba.
Nada , dijo. ¡¡Mentira!!
Y rompió en llanto.
Nos hizo jurar por nuestra madre que no diríamos nada a
nadie:
Su papá había dicho que a “ese barbudo” lo había
denunciado por subversivo, terrorista.
Éramos pequeñas pero sabíamos que eso significaba que no lo
volveríamos a ver nunca más.
Que su hermana estaba embarazada y que su mamá (en realidad la abuela) iba a ser “la
madre del bebé”.
Fue terrible ese secreto.
Fue terrible la promesa de no contarlo a nadie.
Fue terrible el
silencio cómplice en el que habíamos quedado.
A Charly nunca más nadie lo vió.