Inocentes ,sentados frente a la tele, mirábamos
exhortos los capítulos de la serie Combate.
Nos acostumbrábamos a la muerte sin reparos.
En la calle, las siestas parecían tranquilas .
Los adultos
conversaban en la sobremesa familiar.
Sin tener la menor idea de las asociaciones
posibles , sí sabíamos de guerras, de combates , de estrategias de ataque, de
uniformes , de espías , de mensajes cifrados, de lenguaje y jerga de militares , de soldados.
Sabíamos que en las calles , después del toque de
queda ,el capítulo diario del combate se iniciaba.
Escindíamos el miedo , todo era como una película
en vivo.
Estábamos acostumbrados a la metralla , a las granadas
, a los fusiles, a los falcon verdes, al sonido de las botas, de la marcha de
los soldados corriendo por las calles, a los camiones, a los carros celulares, a las barricadas, a las bombas, a las
detenciones , a los fusilamientos.
En la tele
alguna noticia declaraba …”a los detenidos se les aplicó la ley de
fuga..” y se veían imágenes de gente que caía , de los soldados arrastrándolos,
sonaba una marcha militar .
Más allá del silencio de los pensamientos , los
niños corríamos , jugábamos rodeados de indiferencia, pero
la guerra terrorífica (del Estado)
estaba allí.
Quién no hubiera hecho cualquier cosa por la
figurita difícil, por no perderse un capítulo de su serie favorita?
Imagínense
el poder que puede sentir un niño
travieso , inteligente que supo hilvanar los dichos que escuchara de aquí o de allá.
La verdad?
no sé cómo lo supimos , pero lo supimos.
“Esta noche a
las seis operativo”.
Esta noche habría “guerra” ,en el campo de atrás de
nuestra casa. Descenderían los helicópteros , esos grandotes , verde oscuro, que tienen las puertas abiertas y
que traen soldados.
Desde la terraza de nuestra casa teníamos un lugar
privilegiado, mejor que el autocine, sin
cortes, podíamos ver la guerra!! Era
como ver “Combate” en vivo!! Los chicos de la pandilla querían asistir a la
“función” .
No teníamos
conciencia de que se trataba de un hecho verdadero, que los tiros , las balas ,
los gritos… eran reales.
Preparamos las entradas, calculamos cuánto podían
pagar nuestros vecinos, el valor de una factura , de un criollito , de unas
galletitas manon?
Además teníamos que sortear el obstáculo del toque
de queda.
La pandilla entera quería venir al “cine”
improvisado en las escaleras hacia la terraza, en la terraza entraban todos ,
pero los soldados nos podían ver, en cambio ,desde los tres últimos escalones
,antes de llegar al techo , podíamos camuflarnos entre las ramas de la acacia
de mi patio.
Sólo había lugar seguro para seis, dos éramos
nosotros , mi hermano mayor y yo . a mi hermanita no la dejamos subir para que
dejara lugar a nuestros amigos.
Estaba todo listo: la contraseña para entrar :
“tatararata… balá” en el portón del garage, la pintura de camuflaje betún de los zapatos marrones del colegio, y
después escabullirnos de la mirada de mi madre hacia el fondo , ubicarse silenciosos y esperar.
Mientras , les serviríamos un vaso de limonada y un criollito ,lo que
habían pagado como entrada.
Casi con culpa de haber asistido a aquél macabro
espectáculo recuerdo haberles cobrado entrada a los demás niños
del barrio para ver la guerra.
Mi hermanita
insistía en que también quería camuflaje , rompió su alcancía , nos
ofreció su osito mientras decía “yo también quiero ver combate”.
La engañamos, la dejamos en el dormitorio con una
misión: cuidar que el enano- mi hermanito menor de apenas tres años – no saliera y no subiera el primer
escalón de la escalera. Él tenía “denegado el paso” “si avanza centinela abrirá fuego!” le decía mi hermana.
El público ya estaba ubicado, algunos se quejaban
por las ramas de la acacia que no permitían ver a pleno, pero entendieron que
debíamos permanecer ocultos observando .
Esperábamos.
Mi hermano mayor había robado el reloj despertador para saber cuando eran
las seis. El improvisado público se ponía ansioso .
Cuando bajó el sol se sintió el crepitar de los helicópteros . comenzó la guerra! anunció mi hermano. Shhh
Recuerdo el ruido de las botas al bajar en el
campito de las monjas , las voces de mando, las luces de las ráfagas de
metrallas sobre las casas que alcanzábamos a divisar en la calle Vieytes.
Era igual a combate!!
En eso ,mi hermanita apareció en la escalera , el
enano que chillaba porque quería subir , mi perro que comenzó a ladrar , el
susto de mi madre , el miedo intenso de que los soldados nos
vieran que se me metió por los huesos como un frío pavoroso.
En un santiamén las cosas habían cambiado, ya no
era una película allá en la calle
contigua, los soldados nos habían visto y ahora nosotros éramos sus enemigos!
Sentí que mi
madre me arrastraba del brazo mientras
mis ojos estaban pegados a una imagen
que aún no logro olvidar: los soldados rompiendo las puertas a patadas ,
ráfagas de metralla y personas que
sacaban a rastras de sus casas .
Todos huíamos hacia dentro. Mis amiguitos
despavoridos obedecían al “cuerpo a tierra”, lanzado por mi hermano,
escondiéndose en el lavadero.
Aún me estremece la adrenalina , el susto y el
miedo. Los ojos de mi madre que nos reclamaban algo, no sé qué , pero tenía
miedo.
Nos puso en penitencia, nos bañó con algo que olía
muy fuerte para sacar el betún del
camuflaje y nos interrogó llorando: qué
estaban haciendo?! Hay toque de queda!