sábado, 27 de diciembre de 2014

Toque de queda

Toque de queda

Chivateábamos felices  con nuestros primos en las barrancas de la cañada. Llenos de tierra  arcillosa , empolvados de arriba a abajo ,nos deslizábamos entre las grietas y zanjas cavadas por la lluvia.
Era difícil desistir de aquel seductor tobogán. Una pandilla de siete u ocho niños : mis hermanos y mis primas. Misma edad , mismo espíritu aventurero, mismas picardías , mismos tonos para decirle a mi mamá: un ratito más!!
Ya nos habían llamado varias veces. Los  chicos gitanos se habían sumado y trajeron además un carting , de esos caseros , con rulemanes y nos estaban enseñando  a lanzarnos por la bajada!! Qué adrenalina!!
Sin darnos cuenta el sol bajó allá en el horizonte de casas, se escuchó al mismo tiempo una voz que tronaba para que regresáramos , se llevaban a mi prima de la oreja!! Era mi tía con un cinto en la mano y mi mamá.
Corrimos todos aún jugando al galope de caballos.
Las caras  sucias , los pies marrones.
Entramos como tromba  a reclamar la leche. 
Nos mandaron a lavarnos y a medida que salíamos del baño otra de mis tías nos sacudía la ropa.
Mi mamá miraba con angustia hacia la noche que ya se aproximaba.
_Vamos es tarde , estamos casi en el toque de queda.
Salimos apurados , mi madre caminaba a paso rápido, era difícil seguirla. Llevaba en brazos a mi hermano pequeño. Avanzamos en silencio unas cuatro cuadras por la subida.
Mi hermanita empezó a lloriquear porque se tropezaba  e iba medio volando .
Cambio de planes, mi hermano mayor llevaba al bebé y mi mamá alzó en brazos a mi hermanita.  Yo me agarraba   del vuelo de su vestido.
Estábamos a punto de cruzar la barricada de los soldados, entre quejidos y llantos silenciados.
Se sintió que avanzaban camiones. Mi mamá miró su reloj.
Alcé los ojos para mirar justo cuando los camiones se detuvieron y de un brinco bajaron los soldados.
Aún recuerdo el sonido de las botas.
Fue justo cuando de un tirón , mi madre nos había zambullido en medio de una planta que nos dio cobijo en medio de un jardín. Era un matorral leñoso, un arbusto cubierto de florecitas amarillas y rojas. Nos acurrucamos junto con ella bajo la planta.
_Estamos jugando a las escondidas, shhh. No nos puede  ver nadie, hagan silencio.
En el más abrumador silencio  sentí el terror por primera vez.
Lo tengo guardado en la memoria  bajo la forma en que mi madre me sujetaba la muñeca.
Por entre las hojas observé.
Pasaban los soldados corriendo, pateaban las puertas de las casas , las puertas se abrían y veía las piernas de los habitantes huir hacia dentro.
Escuché disparos de los soldados, escuché las botas marcando el paso. Y escuché el latido del corazón de mi madre que nos abrazaba y nos tapaba la boca.
Allí estuvimos escondidos .
La noche se puso oscura, los soldados ya no estaban . Yo abrazaba a mi hermanita, mi hermano me abrazaba a mi  y mi madre nos abrazaba a todos.
Sentimos el motor de un coche conocido, era el coche de mi padre. Se detuvo justo ahí.
Salimos, en medio de una mirada de reproche, subimos al auto en silencio.
Aún con el corazón en la boca.
Nadie hablaba. Nadie preguntó nada .
Yo pensaba: cómo nos encontró? Cómo sabía donde estábamos?
Y todavía faltaba cruzar la barricada de los soldados y llegar a casa.
_Alto! Quién vive?! Encienda las luces.
Nos apuntaban los soldados. Mi padre dijo que volvíamos del hospital de llevar al bebé.  Mi madre estaba pálida. Mi hermanito dormía y se quejaba.
Nos miraron apuntándonos con sus armas a cada uno de nosotros. Un montón de niños asustados.
Le dijeron algo a mi papá sobre el toque de queda. Y mi papá contestó: no volverá a suceder.
Y nos dejaron ir.

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