Caminaba apenas
dos cuadras hacia la escuela, a la vuelta de mi casa.
la primera, cruzaba
un sector arbolado , con barricadas de los militares en el que por la noche se
escuchaban metrallas.
Luego, hacía una
cuadra de casas. Un barrio
obrero, todas las viviendas eran muy
parecidas.
Solía ver a las mamás de mis compañeros o las
abuelas , barriendo bien temprano .
Era un bullicio
tenue, agradable , bajo las flores de azahar en las veredas, con piares de
pájaros y los amables buenos días de las amas de casa.
Me gustaba
caminar por esa cuadra llena de luz y de vida afable. Sentía que me auguraban
buen futuro cada vez que elogiaban mi guardapolvo blanco , bien planchado, o me
preguntaban que iba a aprender ese día.
y luego...
vi la guerra desde el techo de mi casa por la
noche.
Por la
mañana más de la mitad de las viviendas estaban vacías, con las puertas y
ventanas baleadas.
Vi rastros de sangre como si hubiesen arrastrado
una persona herida desde el interior .
Las huellas de
las botas de los soldados marcadas en la sangre de las veredas .
Había sólo dos
de las diez señoras barriendo ese día.
Una semana más
tarde ya no quedaba nadie.
Ni mis
compañeritos , ni sus abuelas , ni sus hermanitos, ni sus padres.
Todos los días
que siguieron durante todos los años de la dictadura seguí haciendo ese
recorrido para ir a cualquier sector de mi barrio.
no alcanzaba a
comprender qué había sucedido.
Por qué todos mis vecinos de esa cuadra habían
desaparecido.
No entendía por qué
nadie decía nada!
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